Se ha conocido que Pablo Milanés cantará en Miami como parte de su gira por
Estados Unidos. Así es, el exponente de la Nueva Trova cubana ha obtenido una
visa para venir a este lado del charco con miras a dar conciertos.
De nuevo, el promotor del espectáculo es el cubano Hugo Cancio con su empresa
Fuego Entertainment, el mismo que trajo a Silvio Rodríguez el año pasado y a
otros artistas residentes en la isla como Los Van Van, Paulito FG y más.
Se encienden, por consiguiente, y de nuevo, los ánimos en la polémica de si es
justo que venga un «aliado de la revolución», un «partícipe de un régimen
autoritario», un «cómplice de los Castro». Atención que estoy colocando entre
comillas.
También están los que defienden al cantautor como «artista y nada más que
eso», «ídolo de Latinoamérica, por lo tanto libre de asociaciones políticas»,
«figura clave de un movimiento artístico histórico como La Nueva Trova y nada
más que eso». También lo pongo entre comillas.
En el pasado defendí los conciertos de Silvio y otros artistas provenientes de
Cuba, como también la jornada emprendida por Juanes y otros artistas para
tocar en Cuba en el tristemente célebre concierto Paz Sin Fronteras.
Creo que es mejor, defender la libertad, por más doloroso que sea en este
caso, de permitir que vengan personajes controversiales, a cerrarles las
puertas, pues se es grande cuando exhibes nobleza y voluntad de concertación
frente a las polarizaciones.
Ya sé: Me van decir ingenuo, inocente, ignorante – por pretender unir
situaciones del reino de lo político y lo social, con asuntos humanísticos, y
más que eso, espirituales-. Que no he sufrido la opresión del régimen, que yo
sí puedo volver a mi país de origen cuando quiera.
No es mi intención lucir como Lennon, Ghandi o la Madre Teresa. Lo que pasa
es que yo también quiero ver caídos todos los regímenes totalitarios del mundo
y todo intento de control de parte de cualquier núcleo de poder -esté donde
esté-. Y creo que demostrando tolerancia y apertura a todas las corrientes
artísticas – e ideológicas -, podemos dar ejemplo de grandeza como es ya
característico de este país (EUA).
Sé que a Pablo le va a ir bien. Tiene fans de todo Latinoamérica además de
muchos cubanos que han decidido enterrar los resentimientos para concentrarse
sólo en la música creada por este grande de la poesía, la voz y la guitarra.
Para muchos de nosotros, sus canciones representan una época de nuestras
vidas, como lo han sido las de artistas gringos, europeos y de cualquier
género.
Sé también que hay un tema de dinero, de negocio de por medio. No es
censurable querer ir a un lugar donde tu música se escucha y donde se requiere
de tu presencia a cambio de un caché. La música y el arte en general siempre
ha estado pignorado a las leyes del mercado. No vamos a hacernos ahora los
abanderados de «el arte x el arte». Estoy seguro que Cancio sabrá por qué
hace sus cosas. Pero, entre ellas, creo que está el dar otra patada a la
puerta de la intolerancia para que se abra de una vez por todas. Allá y acá.
En fin, que estaremos consumiendo más de la controversia con la fauna
mediática de Miami, por que eso sí: la venida de Pablo Milanés viene como
anillo al dedo para facturar, y que mejor que eso para elevar los ratings.
¿No les parece?

