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LA FELICIDAD, JA JA JA JA

by Indira Paez

 Yo siempre pensé que la felicidad quedaba así como en lo alto de una escalera. Que era como un grado que se alcanzaba en la vida después de pasar por despecho uno dos y tres, sufrimientos varios, introducción a la decepción, nociones de traición, técnicas del duelo y por supuesto, especialización en pérdidas mención drama. Pensé que iba a ser feliz algún día. No hoy, por supuesto. Para mí la felicidad estaba como al final del camino. La tendría cuando fuera grande. Cuando fuera alta, o rica, o casada, o mamá, o flaca, o qué sé yo. La tendría mañana.

Y entonces llegó mañana y pasado mañana y el día después. Y yo no era infeliz, no. Pero tampoco era feliz como yo pensaba que se tenía que ser feliz. No me sentía como la Cenicienta después del colorín colorado. “feliz para siempre”.

 Pero de repente llegó hoy. Y veo a mis hijos Oriana y Nicolás durmiendo apurruñados en mi cama, arrimándome a la orillita y roncando, aprovechando el verano para dormir conmigo, quitarme las sábanas, empujarme de la cama. Les veo las caras iluminadas por la pantalla de la computadora y súbitamente lo entiendo todo: esto es la felicidad. Este momento absolutamente perfecto. Y otro, y otro. Como metras que uno va coleccionando en un frasco grandote.
 
La felicidad es que Oriana me diga que va a cuidar a Nicolás para que yo pueda darme un baño largo. Y quitarme unos zapatos apretados cuando llego a la casa. Escuchar en el teléfono la voz de mi mamá y reírme con sus historias insólitas de nietos y ascensores dañados.  Una copa de vino y un buen cuento a media tarde con una amiga nueva. Apagar el despertador y decidir dormir un poquito más. Encontrar una foto que pensé que había perdido. Reírme hasta que me duelan las costillas porque mi comadre se comió otro semáforo. Salirme de la dieta para comerme esa conchita de pizza que deja mi hija. Una cerveza helada. Un diente debajo de la almohada.

Un mensaje de texto que me saca una sonrisa. Una canción que me saca lágrimas. La foto y la noticia más reciente de mi ahijado que ya dice “transportador”. El balcón de mi casa. Un chiste, un pana, un amor.

Ahora ya no busco nada al final de la escalera. Me la paso, más bien, recogiendo metras para ampliar mi colección. Y tengo millones. Necesito mil potes. Nicolás se está despertando y me empuja la laptop.ay.ay.

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2 comments

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wawis27 08/13/2011 - 11:50 PM

buenas noches bella no a vía visto antes este articulo se me paso d largo pero que cierto es que en cosas y momentos tan pequeños y significativos esta la felicidad y d un tamaño tan enorme q no se necesita .ni dinero,ni príncipes ni viajes a la luna sola mente el amor q se a sembrado a lo largo del tiempo y el camino recorrido un abrazo

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Carolina Marín 08/03/2011 - 12:28 PM

Cómo se dirá lo que siento en lenguaje para internet… Mega… Giga… YA SÉ, YA SÉ!!!
TERAWAO!!!
TERAWARÁE´BUENO!!! PUNTO COM…

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