Los Revelatorios *Enletrados

ENLETRADOS

Por: Francisco Llanos

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Llegó Manuel en la tarde, casi noche a decir verdad, pues aunque el vuelo aterrizó pasadas las cuatro no fue hasta casi las siete que lo encontré a la salida. Me pareció curioso que para una estadía de tres semanas solo lo acompañara un pequeño maletín de mano. Ahí si al caso le cabe el cepillo de dientes, pensé exagerando un tanto. Podría caber en su equipaje un pantalón bien doblado, tal vez tres camisas, alguna ropa interior y artículos de aseo personal.  Mi primer pensamiento fue acertado, solo un cepillo, una especie de crema verde empacada en una bolsa de plástico transparente y unos 200 panfletos de 4 páginas tamaño postal impresos en color azul cielo. Eso era todo cuanto traía.

Amigo, tanto tiempo, exclamé emocionado. Ni tanto mi querido ungido, ni tanto; cuando el tiempo, así sea largo, lo ponemos en las alturas, es como un abrir y cerrar de ojos, el tiempo es el del supremo, no el nuestro, me respondió.

 En ese instante supe que Manuel, el del barrio, el de los partidos de fútbol, el que echaba migajas de pan en la botella de Coca Cola para que nadie le pidiera un sorbo pensando que eran sobrados de su boca, ese Manuel ya no existía, se había seguro quedado en las alturas antes de ser ungido.

 -¡Pues para mi si ha sido como un siglo! No sabes cómo extraño esos años de estudiantes, soñando con hacer cine o por lo menos telenovelas chabacanas, te imaginas Manuel; tú y yo produciendo “Sin Nalgas No Hay Nirvana”, “El Pasquín De Los Renacuajos”, uno de esos bodrios come-pueblo que dan vergüenza, acaban la dignidad y atropellan la cultura, pero son minitas de oro.

-¡Qué dices! ¡Qué condena! Eso  de la televisión y el cine es una ofensa máxima para el altísimo, sigue por ahí y te vas a quemar en el fuego eterno.

-Pero Manuel, si no se han condenado los de Sábado Gigante, Sábados Felices, Sábado Sensacional. ¿Qué voy a irme a condenar yo?

-Así como te lo digo, el mundo te corrompe, mejor únete en alabanza plena y pide por tu limpieza.

-Yo limpio ando, pero dejemos eso, acabas de llegar y lo que debemos hacer es adelantar cuaderno, cuéntame de tu vida.

-Mi vida es la luz, no soy el camino pero por él transito, no soy la verdad pero por esta me guío, mi vida es la claridad, la obediencia al supremo.

-No jodás Manuelín, ya estás entre los santos, vas pa’ presidenciable.

-Bendito mío, yo de Judas tengo poco, jamás daría mi espalda al que me da la gloria, déjame ilustrarte.

 Y ahí, aun parados en la salida del aeropuerto, esperando ser ilustrado, fue cuando me enteré de lo que guardaba su ya raída maletica de cuero café. La abrió de par en par sobre el piso como queriendo dejar su contenido a la vista de todos los que pasaban por el lugar, como montando su pequeña feria. Tomó unos cuantos panfletos (perdón, Revelatorios*), me dio el primero y continuó  repartiéndolos entre la gente y a cada quien que lo recibía le iba diciendo “Que la verdad te sea revelada y que la luz colme tu destino”.

 A este punto, yo sudando, ya estaba convencido de que he debido ignorar el email que días atrás me había enviado la hermana de Manuel advirtiéndome de su viaje. Y digo advirtiéndome porque así he debido tomarlo, pero la ilusión de volver a ver a uno de mis amigotes me había hecho ofrecerme para todo y dejé constancia escrita:

 Hola Tata,

Tanto tiempo sin saber de ti, gracias por escribir y gracias por tus palabras, no me acordaba que éramos también amigos en facebook.

Antes de contestarte este email me puse a ver las fotos en tu perfil y estas igualitica!!!! ¿Todavía te dicen Pecas?

¿Cómo va todo???

No sabes cómo me alegra que Manuel venga para acá!!! ¿Y a qué se debe el viaje?

Dile que yo lo recojo, que se quede en mi casa y que le armo planes para pasarla rico.

Mándenme la información del vuelo y ahí estaré sin falta. Yujuuuu ¡Party Time!!!

Ahora si me sentía como dice Castrillón (otra vez Castrillón), untado y con el agua lejos! Condenado, arrepentido y encartado.

Me quedé cuidando la *#+@ maleta que ya no me parecía raída,  ahora me parecía vuelta mier…, mientras Manuel repartía más papelitos (perdón, Revelatorios*), sin querer me había convertido en su asistente o por lo menos en su vigilante privado.

Un rato después, venciendo mi temor y con ganas de llenar mi curiosidad solté la pregunta -¿Y esta que religión es?

-Esto no es religión, ese es un término pequeño para este gran movimiento de revelación.

-Un gran movimiento, eso suena bien, ¿Y cuantos miembros tiene?

-Los grandes movimientos deben ser unitarios, el supremo fue solitario, la tierra es solo una, el aire es uno y la razón es una sola, como la verdad.

-¡Oh!

-Ya soy parte del cosmos, soy el hijo único del más grande, el que nos da la vida, el monarca del trono invencible.

-¿Y cómo se te reveló el supremo?

-Fue en la noche de mi última vez, pero eso no tiene importancia, importa es camino que tienes al frente. Yo he querido venir hasta tu mundo para adiestrarte, dejarte mi mensaje sembrado y hacerte portador de la luz. Así todo te será revelado y andarás la tierra en tu propio movimiento inmenso, purificado y orientado a las puertas del glorioso. Tú serás un elegido, tú serás un revelado.

-Wow, Manuel, me siento maravillado, me honras con tus palabras. ¡Qué buena nueva!

Por ahora llegó el momento de irnos, mientras re-empacas tus Revelatorios o repartes algunos más, voy al parqueadero a traer el carro.

Me fui corriendo con la excusa de no querer pagar una hora más de parqueo. Al llegar al carro, me monté y salí despavorido. Esto sucedió hace casi un mes y desde entonces no he querido volver al aeropuerto, me da temor que Manuel aún esté parado en ese andén, esperándome, al fin y al cabo según el tanto tiempo puede ser un abrir y cerrar de ojos.

*Nota adjunta:

Al abrir Manuel su maletica, algunos de sus papeles salieron volando. Aún ingenuo yo, le ayudé a recogerlos y luego pregunté ¿Y qué son estos panfletos?

Se quedó mirándome con ojos de metralla lista a descargarse en mi contra, de repente, sin pensar mucho me abofeteó (aunque suave) en la mejilla izquierda (la izquierda siempre debe ser castigada, ¿por qué será?) y me dijo “No son panfletos, son Revelatorios, con mayúscula, entiéndelo, RE-VE-LA-TO-RIOS. Aquí está consignada la verdad, la única verdad necesaria para llegar al trono supremo. No ofendas a la gloria, pues la gloria es tu camino. Te perdono pues lo tuyo ahora es ignorancia, pero ya estás en tu hora”.

 Ahora que escribo esto es que caigo en la cuenta de que cuando Manuel me entregó mi Revelatorio, por pura rabia y por pena ajena, lo arrugué entre mi mano y con disimulo lo boté en una caneca de basura cercana.

 ¿Será que estoy condenado? Nunca se sabe.

 

 

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2 Comentarios sobre este Artículo

  1. avatar JARROMONO says:

    Querido Francisco
    Espero que ese pequeño in-suceso no te haya hecho cambiar de parecer sobre recibir, como siempre, a los buenos amigos en tu hogar.

    Me queda la enseñanza que previo a un “maravilloso reencuentro”, sostener una conversación por skype ayudaría.

    Por otro lado, por fin supe quien era el autor de tan maravilloso RE VE LA TO RIO que encontré por coincidencia (nada es una coincidencia) en una caneca de un aeropuerto hace ya un largo,… pero infinitamente corto tiempo, visto desde la “cuatica magistral” Quisiera tener el gusto de compartir con MANUEL algunas ideas que humildemente pudieran ser inspiradoras….. , hay verás si me puedes ayudar con sus datos querido hermano de las Alturas….

    !!!!Que buen artículo…!!!

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