Entrevista Con Julio Iglesias

Entrevista Con Julio Iglesias

UN DIARIO ESPAÑOL EDITA UNA ENTREVISTA HISTÓRICA SOBRE UN JULIO IGLESIAS  INEDITO Y DESCONOCIDO.

Al bajar del avión en el aeropuerto de Punta Cana (República Dominicana) un aire dulce y carnoso se cuela por dentro de la camisa. La humedad bombea a pleno rendimiento y los turistas macho pisan tierra con mirada de halcón en busca del secreto de tanta fulminante cadera mulata. La luz es color guanábana: blanca, espesa. Muy propicia para el cuerpo a cuerpo hambriento y pasajero. En el hotel, seis o siete tipos de Arkansas, bien anillados con la pulsera A/í included, llenan despacio el depósito con ron sin hierbabuena en el bar del lobby. Aquí todo es demora bajo el toldo de una paz caliente. Y al fondo, un mar de agua limpia con morbidez de corales. Julio Iglesias cita a las seis de la tarde en su mansión. El conductor del artista pilota lentamente el carro de cristales tintados hasta esa lengua de tierra exclusiva ocupada sólo por ocho inquilinos de mucho quilate.

Hay controles de seguridad privada y la carretera se abrió entre un flúor de árboles y palmeras de cuyas pencas cuelgan cocos como planetas. Aquí reside el artista tres meses al año desde hace 14. El coche se detiene después de sortear curvas y rotondas, justo cuando el forastero pierde la orientación.

Uno espera perrazos con cananas, alambradas, cámaras… Pero no. Ante el portón de madera asiática sólo hay una gallina apostada incubando un huevo criollo. Dos bocinazos bastan para que un negro lento y saludador abra las puertas. No lleva pistolón colgando de la cadera. Y eso da confianza.

La gallina, ni abre el ojo. Al fondo se descubre una estructura de eco balines con un prólogo de flamboyanes. Julio Iglesias espera a la entrada de la casa apoyado en un cochecito de golf. Por delante tenemos dos días.

Al salir del coche lo primero que ves es su mano y una sonrisa de mucho diente. Es alto y flaco, con el pelo bien fijado. Viaja a bordo de unos mocasines hechos a mano ajustados como una aleta. Este hombre acumula en el bronceado de la piel todos los placeres de la vida. Gasta una mirada viva con la que mide, como un sonar, el material que tiene delante. Es un buen comerciante de traza colonial.

Si reduces su biografía a números nada resulta modesto. Es el artista latino con más álbumes vendidos: 300 millones. Tiene 1.000 discos de oro y 50 de platino… Ha cantado en 10 idiomas. Y tiene dúos con Frank Sinatra y Steve Wonder. Con Aznavour. Con Plácido Domingo. Lo han escuchado Mao, Kruschev y tres presidentes en la Casa Blanca: Gerald Ford, Reagan y Clinton. El palmeral y el silencio forman aquí lo más parecido al patio interior del mundo. Un oro tropical se ha posado en el alféizar de la tarde.

– Sube al carro, que te enseño esto. Julio Iglesias conduce lento por sus dominios, como un capataz que no deja de brillar. Habla, pregunta, sonríe, calla. No dice «¡Hey!» ni cosas de escenario. Si acaso, para no decepcionar, cuando algo le activa el muelle de la risa da esas tres palmaditas suaves a la altura del esternón que tanto desabrochan por dentro a las damas de primera fila.

Bajo la potestad del triunfo asoman estancias, gentes, aves, bellas coristas con fiebre de pilates, miradores, piscinas de un azul insomne… Y la playa privada: «Por esta casa han pasado más de 80 jefes de Estado», informa. El fin del tour es el estudio de grabación del artista. Entonces, sí: Julio acepta, poco a poco, despeinarse.

– En las entrevistas debo de tener cuidado con mis opiniones. Al hablar por primera vez de ciertos asuntos que no he tratado antes en público no quisiera, por ser justo, parecer ingrato. Tengo más experiencias que sabiduría. Hay quien piensa que soy inteligente. Otros que soy bruto. O superficial. O banal. O que no sé cantar. Una vez que te asestan una imagen es muy difícil cambiarla. Y, la verdad, yo tampoco lo intento.

Pregunta.- Punta Cana.

Respuesta.- Me da una energía muy grande. Paso en esta casa dos o tres meses al año. Tengo un estudio excelente y eso me hace más fácil la vida. A estas alturas, sólo quiero vivir en lugares que me faciliten el día a día porque ya tengo poco tiempo y lo quiero aprovechar. Punta Cana es un territorio bellísimo, con playas maravillosas… Y los dominicanos, generosos…El país tiene que progresar, pero no deja de ser muy acogedor. Sus gentes son una mezcla perfecta de africano, indio y español.

  • P- ¿Tiene nacionalidad dominicana?

R.- Ni nacionalidad ni residencia. Mi vida se reparte entre España, Miami y Punta Cana durante seis meses. Los otros seis estoy de un lado a otro, cantando. Este año termino la gira el 29 de diciembre aquí, en el Alto del Chavón, y después empiezo en India el 1 de febrero. Ya no paró hasta el 26 de abril en China.

  • P– ¿Dónde paga sus impuestos?

R– A ver si esta vez lo dejo claro. Pago permanentemente impuestos directos. Me explico: si canto en España se me descuenta la parte impositiva que corresponde a cada espectáculo. Y luego están los impuestos sobre la renta, que tienen que ver con mis otros negocios. Éstos los abono en función de dónde están las sociedades en las que participo.

  • P– Ahora que cita España, la situación es muy difícil…

R.- Lo sé perfectamente. Y creo que buena parte del problema está en que el nuestro es un país que se ha movido demasiado en el corto plazo. Muchas infraestructuras se hacen pensando en mañana y no en 30 años. No apostamos por ser competitivos en proporción a la inteligencia que generamos. O sea: es un país desaprovechado en muchas cosas. Hemos tenido una tradición de artistas envidiable. De escritores. De empresarios emprendedores. Incluso de científicos… Y, por supuesto, de deportistas, que es lo que ahora nos hace destacar fuera. Pero con todo, se sigue jugando al corto plazo.

  • P– ¿No cree que se ha instalado en Occidente una sensación de fin de época?

R.- Existe ese clima, sí. Parece que todo se desintegra. ¿Pero cómo nadie alertó de lo que venía? Esa comodidad de no avisar ha propiciado un futuro muy frágil y ha congelado las perspectivas de los jóvenes y de muchas empresas. Eso, irremediablemente, provoca el caos en un país como el nuestro, que es emocional y apasionado. Inteligente, pero apasionado. Y la pasión, si no se capitaliza bien, propicia que tengamos en vez de un 10% un 25% de parados. Y en vez de tener 1.000 millones de clientes ansiosos de nuestro clima, gastronomía o paisajes, tenemos un 2% de esos 1.000. España es un país privilegiado que se ha dejado arrastrar por un descuido histórico.

  • P– Destaque un acierto.

 

R.- Uno de los avances más importantes en los últimos 30 años es la consolidación del sistema de Seguridad Social y la Sanidad pública. Eso hay que aplaudirlo. Hemos pasado de un punto cero a estar a la altura de los grandes países desarrollados. No puedo decir lo mismo de la Educación. Hemos sido muy malos en nuestros planteamientos educativos.

El estudio de grabación adquiere un insólito barniz asambleario. Uno esperaba un puñadito de acordes mentolados y melosos a modo de conversación y a cambio Julio Iglesias pespuntea ideas sociales en una austeridad compartida de agua de botella. En sus süencios, al forastero le asaltan estribillos de La vida sigue igual, de Gwendolyn, de Manuela, de Soy un truhán… o el Hey, no vayas presumiendo por ahí… Con el cerebelo ya como un karaoke loco.

«Oye, vamos a cenar… Espera, antes mira estos vídeos que he recuperado de actuaciones mías», pide el cantante. En ellos aparece Julio Iglesias armando a su manera el Ne me quitte pa’ de Jacques Brel, quizá la canción más triste del mundo.

La noche fermenta en Punta Cana con una combustión de brisa, vino (Muoton Rothschild, 1978; Chateau D’Yquem, 1988) y mosquitos con propulsión fueraborda. Esta casa es también una gran conquista del dinero. Estamos a media luz. Julio Iglesias recuerda, a sus 69 años, lo que sus siete vidas le han dado.

  • P– Resuma la historia de su vida.

 

R– Pues mira, la de un hombre que ha aprendido a aprender. Me dijeron que no podía andar y corrí. Me dijeron que no podía cantar y llevo 40 años haciéndolo. Nunca fui el más guapo y siempre lo parecí…Pero a la vez he tratado de no engañarme a mí mismo.

  • P– ¿Cuál cree que es el problema más acuciante de España?

 

R.- El paro de la gente joven. Que el 50% de chicos entre los 20 y los 35 años no vayan a encontrar trabajo a corto plazo -ni en dos o tres años- es un drama. Estamos viviendo una sangría de profesionales jóvenes que ahora sólo ven salida fuera.

  • P– ¿Sabe lo que es el 15-M?

 

R.– Cómo no. En la protesta había mucha verdad. Y también algunos colgaos. Lo importante es la gente que bajó a las calles de corazón. Estaban en su derecho. En España hay muchas cosas por las que protestar, demasiada gente sin trabajo ni alternativas. A veces miro esta casa en la que vivo y pienso que sería susceptible de ser invadida…

  • P– Demasiado lejos…

 

R.- Será eso.

  • P– El Estado autonómico tampoco parece ser eficaz. ¿Qué dice?

 

R.- Habrá que revisar lo hecho hasta ahora en la confección de la España autonómica. Pero no para llegar de nuevo al centralismo. El modelo federal de ciertos países de democracias muy consolidadas no me disgusta. Pienso en los landers alemanes. Es un paso que no se puede hacer sin consultar previamente a los ciudadanos. No veo el federalismo en España ahora, sumidos en una crisis como la que atravesamos, pero es asumible cuando vuelva la prosperidad. El federalismo es también un buen antídoto contra ese nacionalismo ciego que no quiere entender que España sólo es posible si se construye entre todos.

Julio Iglesias llena las copas y sondea el caldo con la punta de la nariz. La conversación va hacia delante y hacia atrás. Habla rápido, con más ideas que palabras, echando los ojos a lo lejos, como hacia lo negro que tiene detrás todo foco. Aunque parece suelto, el artista sabe cómo hablar sin pillarse los dedos. Navega entre dos aguas. Y bajo esa empatía costumbrista hay un sujeto rápido como la sangre capaz de convertir un juicio enfático en una suave oda al vino.

  • P– ¿Obama o Romney?

 

R.– No conozco personalmente a Obama ni a Romney. Pero sí sé que sus ambiciones de poder son tan grandes que acuden a todas las mentiras necesarias para llegar a él. No me interesa ninguno. EEUU ha tenido mejores presidentes y candidatos. No están en la línea de los grandes.

  • P– Es usted más de Clinton…

 

R.- Es buen amigo. Ha estado aquí muchas veces. Es un tipazo, un intelectual de la política. Clinton puede hablar de Cataluña y del País Vasco con igual precisión que del conflicto entre Israel y Palestina. Está muy enterado. Igual que Hilary.

  • P– ¿La edad le ha hecho más escéptico?

 

R.- Menos paciente, menos culpable y más gruñón. Pero escéptico, no. Mantengo vivo el interés por todo. Aunque ya no lucho contra molinos de viento. A mi edad no voy a tratar de conquistar lo inconquistable…

La noche se puso en lo alto y decidimos dejar sobre la mesa los rodales del vino como medallas. Julio Iglesias, a la luz de una bombilla de pocos vatios, gasta una habilidad de abracadabra para voltear los clichés que le adornan con un fino sentido irónico y malvado. La casa está en penumbra. Una ensayada tiniebla que le da al artista mayor dimensión de estatua. Hace tiempo que dejó la formalidad, más o menos a la hora en que apartó el solomillo y le entró a las patatas fritas con la mano. Al final del segundo plato. Es cuando entona la palabra España pronunciada con la lengua llena de patria y suelta la mano dándose golpecitos de cantante latino en la tetilla izquierda, donde el corazón es una piedra mojada. El segundo día comienza con playa y un sol modulado según los cánones del Caribe: zumbón, fiero, derramado, cayendo con una fuerza que hace sonar los cartílagos. Y remata, al atardecer, en la mesa de madera balinesa, donde se han acodado 80 jefes de Estado, con la brisa de Punta Cana arpegiando visillos y una de las bailarinas del espectáculo de Julio Iglesias, la bella Norma, echando fotos para el olvido.

  • Pregunta.– ¿Se considera un cantante bien entendido?

 

Respuesta.- Soy de esos artistas cuyos discos están ocultos al fondo de una estantería en las casas modernas y sólo me ponen a la una y media de la mañana. Soy un cantante secreto.

  • P– ¿Y un hombre bien entendido?

 

R.- No. En España no se sabe cómo soy. Tan solo se conoce mi perfil de prensa rosa, de cuando salgo en el /Hola’, que para mí es importante. Esa revista me ha ayudado mucho y soy agradecido con quien apostó por mí desde el principio. En España tenemos que aprender a querer más al que no entiendes.

  • P– Umbral escribió que supo trabajarse muy bien el sentimiento de la derecha sentimental…

 

R.- Admiro a Umbral y lo he leído con gran placer, pero debo rectificarlo. Yo he dado besos a la izquierda y a la derecha en el mundo entero. Siempre he estado más atraído por los individuos que por la ideología. Y respecto a los políticos, sólo creo en aquellos cuya personalidad no intenta echar un pulso al Estado. Yo creo más en los Estados que en los gobiernos.

  • P– ¿El éxito encastilla?

 

R.- El éxito es un privilegio. Es sentir la mirada correspondida. Y te acostumbras pronto. Te enseña a conocer tu lado bueno igual que a esconderte. Pero el éxito requiere una disciplina. De otro modo, se convierte en una vanidad muy nociva.

  • P– ¿Cómo es su vanidad?

 

R.- No tengo, gracias a que de pequeño siempre me creí peor que los demás. Aunque me di cuenta rápido de que me gustaba aprender. Y eso es parte de mi éxito: entender las cosas enseguida, mirar mucho, esforzarme, saber escuchar… A mí me gusta el éxito, claro. Como a todo el mundo. Y el éxito requiere también de una cierta provocación.

  • P– ¿Qué es lo hortera?

 

R– Una palabra mágica: hooor-teee-raaa. El hortera está en todos los ámbitos de la vida, del pobre al rico… Yo puedo haber sido hortera para muchas gentes. A esos chavales que triunfan en la música debo parecerles como de cómíc. Y pensarán: «Joder, qué gilipollas, lo que está cantando. La madre que lo parió»… Yo encuentro a ciertos intelectuales Horterísimas cuando hablan de política. Pero, vamos, que no sé qué es un hortera.

  • P.- ¿Se olvidó de vivir con tanto triunfo?

 

R.- En absoluto. Soy un vividor total. Vivo profundísimamente mis disgustos y mis alegrías. Y eso a pesar de que todo lo que he hecho ha sido a la fuerza. Cuando me levanto de la cama, por ejemplo, no es por instinto, sino pensando que debo de ponerme en pie. Eso tiene que ver con el accidente tan grave que sufrí, claro. El equilibrio en mi sistema central está herido. Tengo una educación natural que está ahí gracias a una herida profundísima.

A simple vista y dentro de este decorado sideral, Julio Iglesias es un hedonista en pantuflas con la piel incandescente. Es imprevisible y le gusta que se note. A medianoche, en medio de la frasca de la entrevista pega un volantuzo al grito: «¡Que nos dé el aire!». Y salimos al trote hasta el jardín de los flamboyanes para tomar al asalto el cochecito de golf y dar vueltas por un césped donde hay gallinas de diseño con las patas relucientes como de pisar sólo parqué.

«Y dime, ¿tienes novia?».

  • P.- Mejor vemos si lleva razón Raúl del Pozo cuando escribió que tiene un gran talento para convertir en dinero la melancolía…

R.– Raúl escribe de puta madre. Pero vamos a ver: la melancolía es importantísima porque es el eco de la soledad más privilegiada, pues es la única que depende de ti. Lo vulnerable de las personas es lo más atractivo. Yo nací muy vulnerable, por eso he cantado a la nostalgia y a la melancolía. Eso se verá en la colección que ahora emprende EL MUNDO sobre mi obra. Quizá yo era algo frívolo entonces, No sé. Si hubiera leído otras cosas a lo mejor estaría hoy más cerca del Nano [Joan Manuel Serrat]. Pero lo mío tenía la complicación de llegar a la gente desde un perímetro más banal.

  • P.- ¿En qué ha fallado como padre?

 

R.- En todo. He fallado en no estar presente: no ir a la escuela, no preguntar por las notas… He sido un trashumante, un nómada, y no podía ocuparme de algunas de sus cosas, como el colegio. Por eso, a la nueva generación de hijos los he educado con “home schooling” (profesores en casa). Era la manera de poder viajar juntos, aunque ya van al colegio desde hace una semana. Esto ha provocado un cambio muy grande en la vida de mi mujer y en la mía.

  • P– ¿Se arrepiente?

R.- Esto… Fui mal padre entre comillas…¿Qué es un buen padre? Un buen padre es el que se sacrifica, está con sus hijos, les da el biberón, cambia pañales… O sea, que no he sido un buen padre en lo doméstico, pero sí en el estímulo vital. He mantenido muchas conversaciones con mis hijos mayores: Enrique, Julio e Isabel. Charlas fuertes, ambiciosas, competitivas… Mis hijos son la hostia. Enrique es un campeón distante, Julio es rápido y un divino, e Isabel está feliz… Los tres son valientes y sensatos.

  • P– Las mujeres han sido un costado principal de su vida.

 

R.- Sin duda. El estímulo de la mujer en mi vida ha sido muy profundo. He aprendido muchísimo de ellas. Tuve la oportunidad de jugar al fútbol en el Real Madrid desde los 13 años. Entonces te conviertes en alguien visible para ellas. Y justo cuando empezaba a disfrutar de eso sucede el accidente de automóvil, en septiembre de 1962. Me quedo inmóvil en una cama, más muerto que vivo…Desaparece entonces la visión profunda de la conquista, de la pareja. Hasta que dos años después vuelvo a empezar a moverme y llego a la música. Al principio sólo era un flaco hecho una mierda que cantaba en pequeños pubs de Londres con dos bastones… Pero volví a tener su atención. Eso hizo mi existencia algo mejor…Y no se ha detenido. Nunca cometí el error de no ser generoso en el amor. Y eso me permitió muchos.

  • P-¿Tantos?

R.- Muchos. Pero ninguno comparable al que tengo con mi mujer. Ella es viento más fuerte y más liviano. Nunca antes había yo flotado tanto. Nunca había estado tan vivo… No hagas caso a los números que rodean mi vida. Casi siempre son falsos. Y el de las mujeres te garantizo que lo es. Hoy la poca pasión que me queda en ese aspecto la utilizo exclusivamente para las gentes que están esperando esa pasión: mi familia y mi público. Ya no me queda tanta y la administro muy bien. Aunque cuando estoy en el escenario no tengo edad.

De vuelta al salón, Julio Iglesias hace de nuevo nido en la penumbra, que tiene una carga de crepúsculo de los dioses, a lo Billy Wilder. La casa es de un tropicalismo glaseado que limita al norte con las flores del guayaco; al sur, con el mar; y en el centro con las coristas y su aerobic de jaguar. A la escena sólo le falta un loro chillando impertinencias. Hace ya varias horas que Julio Iglesias no hace de Julio Iglesias. Y ese alivio se nota.

  • P– ¿A los 69 años es más libre?

 

R– Sí, soy libre. Y lo soy porque ya no juzgo sin saber. Ésa es la libertad mayor. No presumo de ser un libertario, pero entiendo a los libertarios. Con el tiempo prefiero los síes a los noes. Yo nací con el no y ahora estoy viviendo desde el sí.

  • P– Un amigo dice que el sí suma, pero el no multiplica

R.- Está bien como frase, aunque corres el riesgo de que el día en que te des cuenta tengas la cabeza invadida de noes porque creíste que te hacían más rebelde, más seductor, más interesante… Sé de lo que hablo.

  • P– ¿Es usted más fácil ahora?

 

R.- No se trata de ser más fácil, sino de prohibirme menos cosas a mí mismo.

  • P– ¿Acepta bien lo de envejecer?

R– No. Es inaceptable. El que diga que lo asume bien es un gilipollas. Al tener de joven un problema de salud  tan grave como el que padecí, mi cuerpo envejece más rápido y todo requiere más esfuerzo según pasa el tiempo. Y es algo que no puedo controlar. Por otro lado, ahora tengo un conocimiento mejor y mayor de la vida y soy más justo conmigo. Me gustaría cantar hasta los 90 años. Ahora sé que canto mil veces mejor que de joven. Entonces parecía un becerro.

  • P– Hablemos de drogas.

R.- Porqué no.

  • P– ¿Las conoce bien?

R.- No estoy muy atento a ese asunto, la verdad, aunque es cierto que he estado rodeado de coqueros y mañhuaneros toda mi vida… Me hubiera encantado poder fumar marihuana bien, por ejemplo, pero cuando lo he hecho me ha afectado mucho al sistema nervioso central. Me daba ansiedad y me caía. Eso sí, tuve muchas novias fumadoras…

  • P– ¿Las legalizaría?

 

R.- No tengo claro si legalizando las sustancias se evita el problema de la adicción profunda. Quizá se conseguiría lo contrario: que una pequeña diversión, una provocación, acabara en una cuestión adictiva. No soy partidario de nada que limite la libertad del individuo, pero si te levantas de la cama preso de algo no puedes ser libre.

  • P– Por cierto, que no olvide esta pregunta de encargo: ¿por qué está «Triste» Ronaldo?

R.- Porque tiene menos aplausos de los que merece en el Real Madrid. Es un jugador superclase. Sale al campo a dejarse la vida. No es que se crea rico, guapo y demás, sino que es un tipo de saudade. Es injusto juzgarle por lo que gana. Debemos juzgarle por lo que es. La hinchada del Madrid debe de ser más generosa con el equipo.

  • P-Mourinho.

R.- Me encanta.

  • P– ¿Por qué desata tanta aversión?

R.- Porque en muchos casos no sabemos vincular nuestra emoción con nuestro cerebro. En los países meridionales es muy complicado ser alguien largamente querido y respetado, a no ser que te vean muy lejano. O muy moribundo. O muy jodido… Tenemos que aprender a aplaudir más en vida. Los españoles aplaudimos mejor a los muertos…

La madrugada es azul como la noche en Cuba (Neruda). Se detuvo el bullicio de la carne. Agotamos las palabras y el vino. Julio Iglesias, de dos saltos, está ya en el cochecito eléctrico. Vuelve a ser él. Da a su público una risa desde el perfil bueno y deja colgada del aire una última frase con el auto en marcha, sin mirar atrás: «Aquí estamos, flaquito, aquí estamos…». Y entre la selva y lo oscuro, Julio se evapora.

Cortesia SONY MUSIC

 

Share

Artículo escrito por

avatar
EstilosBlogs escritos por:

Hacer un comentario

Stop censorship Copy Protected by Chetan's WP-Copyprotect. Stop censorship Copy Protected by Chetan's WP-Copyprotect.