NICOLAS EL INDOMABLE

Mi hijo Nicolás es dueño de un carácter que, si se midiera en grados centígrados, seguramente haría estallar cualquier termómetro. Y no, no tiene mal genio. Decir eso sería pecar de simplista. Nicolás es más bien, como un cataclismo. Todo en él es extremo: su risa, su llanto, su hambre, su insomnio… Mi pequeño porta el escándalo cual bandera. Es un huracán empedernido que se hace sentir en donde sea, y al que sospecho muy difícil llevar, por ejemplo, a misa de domingo.

Yo he tratado de domesticarle. Persiguiendo las normas y las convenciones que dictan la buena conducta, la tradición oral, el ejemplo familiar y un montón más de decálogos escritos o no, he tratado de hacer de mi hijo, un niño modelo. Pero debo confesar que, hasta ahora, he fracasado rotundamente.

 Para empezar, mi hijo no luce precisamente como un monaguillo. Tiene un afro disipado, en el que cada rulo cuenta con vida propia. Una boca inmensa, llena de dientes y hecha para el desorden. Unos ojos autónomos, decidores, con pestañas que aceleran la sensación de inquietud. Y unos huecos que se le abren en los cachetes cada vez que ríe, que más que “vez”, es un “siempre”.

 Cuando vamos, por ejemplo, a un restaurante –cosa que, extrañamente, le encanta a este enano capricorniano-, Nicolás se pasea entre las mesas saludando a la gente como si fuera el chef. Cada vez que trato de atraparlo y devolverlo a su silla, sale algún comensal embelesado con el discurso lengua mocha (y spanglish) de ese mulato, y me dice “déjalo, tranquilo, si no nos está molestando”. Mi hijo consigue, pues, cómplices en todas partes. Tiene una inmensa capacidad de meterse a la gente en un bolsillo, sea de la nacionalidad, edad, sexo, religión y rango que sea.

 No sé si será por esas historias que inventa, de tiburones que se lo tragaron completo y después lo vomitaron… de dinosaurios enamorados de monas astronautas… de piratas cansados que ya no quieren navegar más… quién sabe.

 O tal vez es por esas disertaciones filosóficas en las que nos hace entrar cuando nos lanza sus sentencias del día, con mayúscula vehemencia y haciendo gala de una envidiable asertividad: “yo no quiero ser un súper héroe”… (y la verdad, ¿quién quiere ese trabajo tan pesado de estarse peleando con archienemigos impredecibles día y noche? sin poder enamorarse, teniendo que ocultar la identidad y siendo esclavo perenne de la justicia… ¡uf!) “cuando sea grande quiero ser chiquito”… o mi favorita “¡tú no eres una niña, eres una humana!”… (esto último me lo dijo furioso cuando osé mandarlo a dormir… que es lo peor que puede hacérsele. Me lanzó ese insulto grandísimo…. Me dijo “humana”… Y me hizo pensar… la verdad es que ser “humano” no debe ser nada noble… y es que no he visto, en el mundo de las vacas, por ejemplo, ninguna guerra, ningún genocidio, ninguna traición, ninguna infidelidad…)

 El hecho es que Nicolás es una sorpresa constante. Habla sin parar, sin pausa y con prisa… es exagerado, no conoce ponderación alguna y, si no fuera porque soy yo quien lo alimenta, juraría que está todo el tiempo borracho. Ama disfrazarse y trasnocharse, adora los libros, YouTube, las medusas, los poemas, y es la única persona que conozco a quien le divierte “2001, Odisea del Espacio”…

Con él no hay chance para el aburrimiento. Tiene una capacidad inmensa para cambiar mi humor. Para hacerme creer, en dos segundos, que la felicidad es posible.

 Definitivamente mi hijo es imposible de domesticar. Y la verdad, es que ni quiero.

Indira Paez
MPST Writer
Digital Media & Integrated Solutions
Telemundo Network Group / NBC Universal
www.telemundo.com

 

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Escritora, libretista y dramaturga venezolana, egresada con méritos de la Escuela de Artes de la Universidad Central de Venezuela en 1992, mención Artes Escénicas. Autora junto a Daniela Campos de la tesis de grado “Stanislavski en Caracas”. Ha sido galardonada con el Premio Emmy otorgado por la Academia Nacional de Artes y Ciencias de la Televisión como coautora del guión de la serie Gabriel, que protagonizó el cantante y actor puertorriqueño Chayanne y en la que "El Puma" José Luis Rodríguez tuvo una participación especial. Producida por Megafilms, la miniserie "Gabriel, Amor Inmortal", obtuvo ocho nominaciones al premio Emmy, una de ellas por mejor guión de serie, del que la escritora venezolana Indira Páez es coautora. EstilosBlogs escritos por:

2 Comentarios sobre este Artículo

  1. avatar Sue says:

    OMG sin conocerlo lo amo, que belleza!!!!
    Definitivamente ser madre es de las mejores cosas que dios nos ha podido dar, el mío es más peque y no veo la hora de que me diga esas cosas tan divertidas que por más disgustada que uno esté le sacará una sonrisa

  2. avatar wawis27 says:

    Bella cuide ese enorme ángel q dios le dio como hijo q como usted dijo tiene la capacidad de hacerla creer en un mañana bello y un mundo mejor eso es lo mágico de la infancia son puro amor e inocencia y el suyo lo cargaron con cartucho doble un abrazo

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