Jeanette…

Jeanette…

 

El Viernes, 18 de septiembre de 2009 a las 15:48 Son las 4 y media de la tarde en Benin. Aquí, en Miami, son las once y media de la mañana y dentro de un rato voy a hacer almuerzo. El día está hermoso y nítido, con un sol amarillo pollito del que mi hijo Nicolás se iba quejando hace un par de horas mientras lo llevaba a la guardería.

 Hay silencio aquí en mi casa, y yo pienso en Jeanette. ¿Qué estará haciendo en Benín, allá en el oeste de África, a esta hora, este viernes de septiembre? Me la imagino caminando por una carreterita de tierra roja pisada, cargando agua para ayudar a su mamá a hacer la cena.

El pozo más cercano de su casa de adobe y zinc queda a un kilómetro. A Jeanette le parece cercano. Y es que esta madrugada tuvo que caminar hora y media para llegar a la escuela. Iba contenta, imagino. Porque son muy pocas las niñas que van al colegio en Benín.

Los padres prefieren invertir en los varones. A las niñas les toca levantarse antes del amancer junto a sus madres y las otras esposas de sus padres, para recoger agua, leña, pisar la tierra de la casa, preparar el casabe, cocer el maíz y la batata. Las niñas en Benín son fuerza laboral. Pero Jeanette no. Jeanette es privilegiada. Debe ser por eso que tiene esa sonrisa pacífica dibujada en el rostro, y que posa para la foto que me ha enviado, envuelta en su traje de fiesta.

 Y sí, sonríe. A pesar de que no hay agua ni electricidad en su casa. A pesar de lo mucho que trabaja. A pesar de que el único dispensario de la comunidad queda a dos horas de camino, y de que el baño es cualquier espacio en el campo. Ella sonríe.

El papá de Jeanette, Kerekou, tiene un año más que yo. Me cae bien. Me cae muy bien, porque ha permitido que su hija de catorce años vaya a la primaria. Cuando llueve, todos tienen que salir de la escuela porque se inunda. Hoy el cielo está nublado en Dogbo, la comunidad en donde viven Jeanette y su familia. Pero no ha llovido aún.

Jeanette Agbla agradece a Jesús desde su cristiandad. Tiene mucha fe. Ha aprendido a leer la Biblia y se queda hasta tarde haciéndolo, bajo la luz de lámparas hechas por ella, con latas vacías y trapos mojados en aceite. Otras comunidades de Benín son musulmanas, islámicas, y muchos secretamente, escondidos de los misioneros que les dan clase y atienden los dispensarios, practican el vudú. Pero se las arreglan para convivir.

La abuela de Jeanette, Gbogan, de 62 años, vive con ellos en la casa de adobe. Ayuda a Alphonsine, la madre, con el trabajo diario dentro y fuera de la casa. No le gusta sonreír, ni posar para fotos.



Alphonsine tiene tres hijos aparte de Jeanette: Denise, una niña de nueve años, Alexandre, un varón de siete, y Elise, el más pequeño, de cinco. Alphonsine luce un poco mayor de los 31 años que tiene. Y es que ha trabajado desde los dos. Sus manos son ásperas, curtidas. Pero sigue siendo cariñosa y confiada, abriéndole las puertas de su casa a los misioneros y a sus amigos del otro lado del mundo. A veces va al mercado, descalza, para vender casabe y verduras. Todo allí es colorido: el piso rojo, los trajes de arcoiris, las pieles broncíneas, los ojos brillantes, las legumbres recién cosechadas.

Vuelvo a ver la foto de Jeanette pegada en la nevera de mi cocina. Su rostro sereno. Leo una vez más la carta en francés, llena de agradecimiento y dibujos, que me mandó a través de los voluntarios de Plan USA.

Me dice que desde que me convertí en su madrina ha podido comprar cuadernos y una gallina para tener huevos frescos en casa. Suspiro. Me siento mínima, mínima, mínima. Desde que me vine a vivir a Miami, me he pasado la mitad del tiempo quejándome. Me he quejado por tener que trabajar tanto, por no tener ayuda, por vivir entre vecinos que no saben mi nombre ni les interesa… he llorado porque tengo mil canas de más, diez libras de más, cuatro horas de menos, kilómetos de distancia me separan de mi familia y me siento sola.

 He llorado por no saber manejar ni manejarme, echar gasolina o pagar impuestos, ayudar a Oriana mi hija de quince con sus tareas que no entiendo o insertarme en un mundo que me parece lejanísimo. He llorado cuando me atraganto de inglés, español y lágrima y me miran como a una ciudadana de segunda clase si es que eso existe. Y lloro y me quejo. Me he quejado cada vez que friego, lavo, hago las camas, saco la basura, llevo y busco a los niños, paso aspiradora, escribo durante seis horas seguidas y duermo seis horas interrumpidas. Me he quejado tanto que me he vuelto una experta. Y de pronto la realidad me golpea. Con toda su sabiduría, su grandeza, su sencillez: ¿cómo es posible que me queje? ¿cómo es posible que llore? ¡Pero si tengo todo para ser feliz! Hijos, marido, amigos… una familia en una llamada y muchos abrazos a un avión de distancia…salud, educación, agua corriente… baño, zapatos, cuadernos, transporte, huevos…un país allá y un país aquí… libertad y opciones… y un cielo con un sol amarillo pollito que dibuja trazos plateados en el lago que está frente a mi casa.

Entonces cierro los ojos y le doy gracias a Papá Dios. Y a Jeanette. Y a la vida, y al universo, y a los ángeles y a todo lo bonito, lo vivo, lo perenne.

Un amigo me dice que Jeanette no existe. Que esos programas de ayuda a niños en África son un engaño. Que me estafaron. Pero yo decido no creerle. Jeanette no sólo existe, sino que la lección que me ha enseñado, vale más que todas las verdades de la tierra.

Indira Páez
Multi-Platform Storytelling Writer
Digital Media & Integrated Solutions
Telemundo Network Group / NBC Universal

www.telemundo.com

 

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Escritora, libretista y dramaturga venezolana, egresada con méritos de la Escuela de Artes de la Universidad Central de Venezuela en 1992, mención Artes Escénicas. Autora junto a Daniela Campos de la tesis de grado “Stanislavski en Caracas”. Ha sido galardonada con el Premio Emmy otorgado por la Academia Nacional de Artes y Ciencias de la Televisión como coautora del guión de la serie Gabriel, que protagonizó el cantante y actor puertorriqueño Chayanne y en la que "El Puma" José Luis Rodríguez tuvo una participación especial. Producida por Megafilms, la miniserie "Gabriel, Amor Inmortal", obtuvo ocho nominaciones al premio Emmy, una de ellas por mejor guión de serie, del que la escritora venezolana Indira Páez es coautora. EstilosBlogs escritos por:

1 Comentario sobre este Artículo

  1. avatar wawis27 says:

    Bella buenas noches hoy con este articulo tan bello y ala vez real me a sacado las lagrimas por que es una verdad que pocos pueden ver que se tiene todo y no lo apreciamos y hay tantos hermanos q con tan solo un sus piro son felices ,yo tengo desde hace años esa frase que a mis sobrinos y mi madre aveces les fastidia otra gente quisiera tener lo que tu tienes ,otros están peor que tu y no se quejan ,y de esa manera vuelven a la realidad ser agradecidos y ayudar cuando se puede no importa que los de mas digan q no sirve de nada claro que sirve se vuelve uno mas humano y agradecido y yo agradezco porque siga habiendo gente como usted con un gran corazón y manera distinta de ver la vida un abrazo inmenso cargado de toda mi admiración.

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