Otelo En Tiempos De Facebook

Otelo En Tiempos De Facebook

Mi tía Dolores estaba obsesionada con los cachos. Perseguía a mi Tío José Francisco por todo Puerto Cabello, muchas veces con las cuatro niñitas montadas en el asiento de atrás, quejándose del calor. Más de una vez fui yo en una de esas cruzadas rescata maridos. Era emocionante, un rally de pasiones que hubiera sido la delicia de cualquier productor de realities, si es que en esa época hubieran existido los realities.

Arrancábamos desde la casa, íbamos a la oficina, mi tía se paraba en una esquina esperando que el carro de mi tío saliera. Distancia prudencial. Mi tío se montaba en el carro, a veces solo, a veces acompañado por un hombre, a veces por dos…y a veces (¡ay! ¡perversas veces!)…lo acompañaba una mujer. La manera en la que mi tía arrancaba aquella ranchera dependía mucho del género del acompañante de mi tío.

Lo seguíamos a unos tres carros de distancia. Si él se paraba en “El Alegre Cubanito” -un bar de muy pocos bombillos y mujeres de, también,  muy poca ropa… que estaría en crisis, digo yo- mi tía casi le arrancaba pedazos al volante, y lloraba de rabia mientras repetía “desgraciado, desgraciado”. Entonces se bajaba. Nos dejaba ahí, ventanas abajo, y al rato salía con los ojos rojos y triturando en la boca el mismo parlamento: “Desgraciado, desgraciado”.

Para mí, era el nombre del juego. Vamos a jugar desgraciadodesgraciado. La primera que vea el carro de mi tío gana. Si el carro estaba en “El Alegre Cubanito”, el premio era doble. Yo tenía para entonces seis o siete años y no sabía nada de ficheras ni de cachos ni de celos. Sólo de juegos. Y entre mis Barbies y mis Ken no había bares de mala muerte ni lágrimas de por medio.

Mi familia –a Dios gracias- jamás jugó desgraciadodesgraciado. Tampoco vi a mi mamá revisarle a mi papá la cartera, el paltó, la cuenta de la tarjeta de crédito. A lo mejor le daba flojera, quién sabe. El hecho es que yo creí que así era la vida. Que nadie tenía por qué revisarle nada a nadie y que mi tía Dolores era una adicta al volante y a las persecuciones porque veía mucha película de Clint Eastwood. Y que si lloraba tanto, era porque mi tío nunca la invitaba a “El Alegre Cubanito” a bailar con las señoras de muy poca ropa.

Con el tiempo, aprendí que existe una cosa horrorosa que hizo que Otelo matara a la probre Desdémona, que Daphne Wright metiera en un molino gigante a la amante de su marido y que Lisa Nowak -la astronauta aquella- manejara mil horas para tratar de secuestrar y asesinar a su supuesta rival.

 O sea. Los celos, aprendí, son como un virus homicida… una enfermedad terminal… algo que te genera una estupidez instantánea, que te nubla el etendimiento y te hace hasta matar gente ¡Uf! ¿Y entonces? ¿Cómo es que hay tanta gente que sufre de eso? ¡Susto!

Yo heredé la condición de mi madre… nunca fui celosa. A lo mejor me falta ese gen. A lo mejor soy, como ella, demasiado floja. Pero es que, la verdad, nunca he sido buena para darme cuenta de lo que hace o deja de hacer la gente que me rodea. Soy extremadamente caída de la mata y sufro de un déficit de atención voraz y fulminante. Y para ser celoso, para ser profesionalmente celoso, hay que poner muchísima atención a los hechos. Hay que tener una suerte de talento detectivesco que yo, pues no te tengo ni por asomo.

Claro que los tiempos han cambiado. La tecnología ha llegado a todas partes. Hasta el corazón de los celópatas. De los suspicaces de oficio. De los paranoides socialmente aceptados.

Mi amiga Sofía, por ejemplo, me llamó el otro día y con esa voz de mujer a quien se le ha roto la cadena de los tiempos, me dijo: “Muérete. El tipo es casado”. Y yo… “¿cómo lo supiste?”. Y ella -con voz ahora de “obvio”- me dijo… “pues por el Facebook”. Y allí se explayó. Que no es que él ponga en su situación sentimental que está casado con fulanita, y tampoco tiene álbumes de fotos de la familia, pero ella vio unas fotos en donde alguien lo había tagueado, y uno de los comentarios de la foto era de una mujer que tenía el mismo apellido y ella se metió y la mujer, qué suerte, tenía el perfil abierto y ella sí decía en su perfil que estaba casada con fulanito de tal que resultó ser el mismo productor de televisión encantador, chistoso, excelente bailarín de salsa y odiante de García Márquez por razones estrictamente políticas y no literarias… con el que ella había estado saliendo durante casi tres meses.

Y allí respiró, y acto seguido se echó a llorar. Yo, que sólo tengo capacidad de procesar tres segundos seguidos de información, me quedé con el… “pues por el Facebook”.

Mientras mi amiga hablaba de cómo siguió averiguándole la vida a quel hombre al que terminé por tenerle lástima, yo pensé en toda la gasolina que se hubiera ahorrado mi Tía Dolores si hubiera existido el Facebook en su época. Entonces, ella seguramente se hubiera convertido en un hacker experta.

Le hubiera averiguado a mi tío la clave de absolutamente todo en la vida, hasta la clave de Sol. Twitter, My Space, Hi5, email, gmail, hotmail, Messenger, BBM, Notas de Voz, SMS, todo, todito, todo, ya mi tía lo hubiera revisado. Los entrantes, los salientes, las papeleras, los chats, los SPAMS, los borradores, las fotos del celular, del Ipad, del Iphone, del BB, del Itouch, la Palm y cuanto memory stick regado o mal parado anduviese por ahí.

Mi tío habría tenido que tener dos celulares, un email falso, cuidarse –cual asesino perfecto- de no dejar huellas en ninguna parte, de borrar toda evidencia de relación epistolar virtual o cibernética, cuidarse de acercarse siquiera a una computadora a menos que fuera para chequear el estado del tiempo, y por supuesto, jamás poner en el “status” de su Facebook nada ambiguo, nada que levantare sospechas… tipo “todo lo que empieza termina”… Y es que, aunque mi tío se habría podido estar refiriendo a la película que acababa de ver en Cine Mexicano, mi tía seguramente hubiera pensado que se trataba de la relación de ellos, que algo andaba mal, confiesa, yo sabía, dime que tienes otra, termina de hablar, desgraciadodesgraciado.

¿Y Otelo? ¿Se imaginan a Otelo pendiente de cada mensajito de texto que manda Desdémona? Preguntándole por qué se mete con el Ipad al baño, quién es ese que le mandó una galleta de la fortuna al muro (no al del castillo, sino al de Facebook, por supuesto) y por qué Casio, que a todas estas inventó una línea de relojes, tiene que estarle poniendo caritas felices en el BBM. Otelo, acusando a Desdémona en la terraza de su penthouse de Brickell, de que seguro ha borrado todo, porque al final encuentre o no encuentre pruebas, el celoso siempre cree que le están montando cachos. Es como si llevara el cacho adentro. Es como si se lo mereciera. 

Ay no. Qué agotador todo esto. Más tecnología, más plataformas, y las mismas inseguridades. Las mismas ganas locas de sufrir. ¡Qué flojera por Dios!

Menos mal, de verdad, que yo difícilmente me acuerdo de mi propia clave. Que la única que me sé, es la del son montuno, y que soy tan absolutamente creyente de todo lo que me dicen, que si mi pareja me jura que esa mujer con la que se estaba besando en el bar justo cuando yo entré, es una prima lejana de Bielorrusia y que allá todo el mundo se saluda así, pues se lo creo. Total, la verdad es, al final, estrictamente lo que uno quiere que sea la verdad. Tan tan.

Indira Páez
Multi-Platform Storytelling Writer
Digital Media & Integrated Solutions
Telemundo Network Group / NBC Universal
www.telemundo.com

(Publicado originalmente en la revista “SEXO SENTIDO”, Venezuela 2010)

Twitter @IndiraPaezD

 

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Escritora, libretista y dramaturga venezolana, egresada con méritos de la Escuela de Artes de la Universidad Central de Venezuela en 1992, mención Artes Escénicas. Autora junto a Daniela Campos de la tesis de grado “Stanislavski en Caracas”. Ha sido galardonada con el Premio Emmy otorgado por la Academia Nacional de Artes y Ciencias de la Televisión como coautora del guión de la serie Gabriel, que protagonizó el cantante y actor puertorriqueño Chayanne y en la que "El Puma" José Luis Rodríguez tuvo una participación especial. Producida por Megafilms, la miniserie "Gabriel, Amor Inmortal", obtuvo ocho nominaciones al premio Emmy, una de ellas por mejor guión de serie, del que la escritora venezolana Indira Páez es coautora. EstilosBlogs escritos por:

1 Comentario sobre este Artículo

  1. avatar wawis27 says:

    buenas tardes hermosa es verdad el celoso muere asta por la mosca q se le paro a su pareja y si es muy desgastante para los 2 ,no justifico a nadie pero el amor debe ser mas fuerte q los celos y la inseguridad por q la pareja q es fiel con tanta tortura termina cansado y dejándolas ,como siempre su relato muy fresco y bellisimo ya no me siento sino al contrario sigo de pie aplaudiendo su creatividad,clap,clap clap,.espero algún día poder ver una de las puestas en teatro d su inspiración

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