“Mami ODIO La Matemática!!!

“Mami ODIO La Matemática!!!

Mi hija, quien para ese momento tenía doce años, estaba desconsolada. Acabábamos de mudarnos a Miami y ella recién presentaba su primer examen de matemática en inglés. Sacó “F”. Uy. Ella lloraba y lloraba como si se le hubiera muerto alguien. O algo.

Yo por supuesto la abracé, y le di todos los consejos habidos y por haber, de esos que uno se aprende en los libros de autoayuda y en las cadenas de Internet: “Tranquila, no seas tan dura contigo misma, es sólo el primer examen, ya vendrán otros, te puedes recuperar”, “la vida es ensayo y error”, “lo importante no es la caída sino cómo nos levantamos de ella” y el nunca bien ponderado “eso no importa, eso se repera, sigan adelante que no ha pasado nada”. Nada parecía satisfacer a mi bebé (porque en ese momento, cuando llora, por supuesto es mi bebé). Sus inmensos ojos parecían una tarde lluviosa. “Pero bueno mi amor, ¿cuál es el problema en realidad? ¿Por qué tanta lágrima?”. Y allí me miró, desde su litera, y me dijo: “Porque mami, yo no te quiero fallar”.
 

Entonces fue a mí a quien se le nublaron los ojos. Agarrándome duro el corazón, la abracé más fuerte, casi le saco el aire. “Tú no me fallas porque falles, mi amor. Tú eres mi tesoro, mi orgullo, ni niña preciosa, mi jovencita noble, la mejor hija, la mejor hermana mayor. Todos fallamos, todos. Y eso no nos hace malos. Simplemente, nos hace humanos”. Ella medio se secó las lágrimas y me contestó: “Eso es mentira mami. Tú nunca te equivocas. Tú eres perfecta”. Yo sentí que me dolía la cabeza. Le dije por supuesto que no, que eso no es así, que nadie es perfecto y bla, bla, bla.

Le acaricié el cabello y me quedé con ella en la litera hasta que se quedó dormida. Luego me bajé como pude -casi me parto un tobillo-, y me fui a la cocina a fumarme un cigarrillo (el primero en un año) y a llorar. ¿Por qué mi hija cree que soy perfecta? Y peor aún, ¿por qué cree ella que tiene que ser perfecta? ¿Cómo fue que se le metió esa idea neurótica en su cabecita? ¿Es que fui yo quien se la inculcó?
 

Empecé a hacer recuento entonces de mi vida, así, rapidito, mientras se consumía el cigarrillo prohibido. Desde pequeña me enseñaron que en la vida uno tiene que dar lo mejor de sí mismo, exigirse cada día más, destacarse, no conformarse, no cesar.
 Me enseñaron que la vida es una especie de carrera de cien metros planos, o mejor aún, un maratón, que hay que ganar porque sí, llegar a la meta de primerito, si te quedas atrás pierdes, como en el alelimón: “y los de atrás se quedarán, se quedarán, se quedarán”.

Aprendí pues, seguramente con la mejor intención de mis buenos padres, que en la vida, o ganas, o no vales medio. O sea, que sí, en resumidas cuentas, hay que ser perfecto, pues. Lo vi clarito: es obvio que yo le transmití a mi hija ese pensamiento terrible, ese sentimiento que agobia y asfixia: El miedo al fracaso. Yo también lloraba desconsolada cuando sacaba malas notas. Yo siempre fui buena alumna, pero tenía que ser mejor, mejor y mejor.
 

Yo también me sentí morir cuando me dejó mi primer novio. O cuando en la universidad no me gradué magna cum laude porque había retirado un semestre. Cuando no me eligieron para ese trabajo de docente que tanto quería. Cuando me divorcié. Fracaso tras fracaso, fallar era pecado. Era signo de que no servía, de que no valía. Y el inmenso temor a que no me fueran a querer. A que si alguien me descubría imperfecta, fallosa, con defectos de fábrica, me desecharían como a una muñeca fea a quien le falta un brazo. De pronto me pregunto, después de recordar todos los fracasos de mi vida, ¿valgo menos ahora? ¿Soy menos persona, merezco un castigo, una penitencia?

¿No tenemos todos los seres humanos derecho a equivocarnos, a caernos, a levantarnos, a fallar, a corregir, a aprender? A veces pareciera que no. La presión social, la crítica, la competitividad del mundo moderno, la agresividad de los profesionales, los valores materialistas de nuestro planeta, parecieran decirnos a gritos que el fracaso está prohibido, que es un delito, que merece ser penalizado. Entonces, ¿cómo le digo a mi hija que no llore cuando saque “F” en un examen? Si las maestras le dicen todos los días, como me decían a mí, que siempre “se puede dar más”. ¿Y eso es como hasta cuándo? ¿Hasta dónde? Se agota uno.

Tratar de alcanzar lo inalcanzable es frustrante. Tratar de ser perfectos es frustrante. Uno debería ser menos severo con uno. Sacar “F”  de vez en cuando. Permitirse la falla, la equivocación. No debería dar pena el fracaso. Porque es sencillamente la otra cara del éxito, como el despecho es el opuesto del amor. Quien no se ha despechado, no ha amado. Y quien no ha fracasado, ni siquiera ha intentado. Unas se ganan, otras se pierden, otras partidas se abandonan. Vivir, se llama eso.

Me terminé el cigarro y fui al cuarto de mi bebota, me acurruqué junto a ella, todavía dormida, y le dije: “falla todo lo que quieras. Cuando te caigas, yo te voy a servir de colchón blandito para que no te duela tanto. Y si te duele mucho de todas maneras, yo te voy a poner una curita en el alma. Y te voy a dar mi hombro para que llores y mis manos para que te sirvan de muleta cuando te quieras levantar. Siempre te voy a amar, precisamente porque no somos perfectas, porque estamos en este mundo para equivocarnos una y mil veces. Ahorita mismo siento que saqué “F” en maternidad, por ejemplo. Pero resulta que equivocarse es la única manera de aprender. Es la única manera de crecer, de vivir”.

Entonces se levantó y me abrazó y nos fuimos a la sala a ver “Pesadilla en la calle del Infierno” por enésima vez. Nos reímos con Freddy Krueger y comimos cotufas hasta marearnos. Mi bebé (que para entonces tenía ocho meses) estaba en su corral, parándose y cayéndose y volviéndose a parar, con una obstinación precisa, envidiable. Nunca se lamentó de la caída. Cada vez que lograba volverse a poner de pie, una sonrisa inmensa lo invadía. Entonces me di cuenta. Qué bueno es poder caerse de vez en cuando. Digo, porque levantarse es una sensación maravillosa. Qué bueno es sacar “F”. Porque cuando haces el curso de verano y finalmente apruebas, te sientes más vivo que nunca. Pregúntenle a mi bebé. 
 
Indira Páez
Multi-Platform Storytelling Writer
Digital Media & Integrated Solutions
Telemundo Network Group / NBC Universal
www.telemundo.com

 

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Artículo escrito por

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Escritora, libretista y dramaturga venezolana, egresada con méritos de la Escuela de Artes de la Universidad Central de Venezuela en 1992, mención Artes Escénicas. Autora junto a Daniela Campos de la tesis de grado “Stanislavski en Caracas”. Ha sido galardonada con el Premio Emmy otorgado por la Academia Nacional de Artes y Ciencias de la Televisión como coautora del guión de la serie Gabriel, que protagonizó el cantante y actor puertorriqueño Chayanne y en la que "El Puma" José Luis Rodríguez tuvo una participación especial. Producida por Megafilms, la miniserie "Gabriel, Amor Inmortal", obtuvo ocho nominaciones al premio Emmy, una de ellas por mejor guión de serie, del que la escritora venezolana Indira Páez es coautora. EstilosBlogs escritos por:

5 Comentarios sobre este Artículo

  1. avatar Indira Páez says:

    Gracias por todos sus comentarios! Ustedes son lo máximo!

  2. avatar Chapellini says:

    Saqué dos “F” en este semestre y andaba por el suelo. Tu artículo ha sido una curita para mi alma. Espectacular!!!

  3. avatar Angie says:

    El que ha fallado aprende mas que el que nunca fallo y no creo que exista alguien que nunca haya fallado.

  4. avatar wawis27 says:

    buenas noches bella que maravillosa madre es y de su ejemplo muchos deberían de aprender q alugar d reprender a la vida por los fracasos obtenidos de veríamos agradecer por que con ellos se llega mas lejos y se enseña con mas amor felicidades por esos hijos q a sabido en caminar en sus jóvenes vidas un abrazo

  5. avatar Loredana Sosa says:

    Demasiadoooooo bueno!!!!! leer estas lìneas es como retroceder el tiempo y verme igualmente llorando por un 17 de los famosos 20ptos. Ni se diga cuando veia un cero en las “Marìas” …el Tsunami. Que rico es levantase!!!! Un abrazo inmenso Indi.

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