¿Por qué admiramos a las celebridades?

Muchas veces me he preguntado esto cuando siento gran estima hacia algún artista de la música y la actuación.

Analizo a las personas que admiro y luego empiezo a hacer comparaciones entre los fanáticos de esa misma figura y busco similitudes con mi persona. O veo a fanáticos de artistas que yo no admiro y me pregunto qué le ven y por qué yo no siento la misma afinidad que ellos.

Afinidad, sintonía, empatía, pueden ser las claves para entender que nos cautiva de un estilo, una voz, una manera de expresarse a través de un instrumento, un rostro, un lenguaje corporal en un escenario.

Pero regreso al mismo punto de partida… ¿Por qué son seres especiales?

¿Porque saben vivir la vida? ¿Acaso Llevan vidas ejemplares? No necesariamente.

Mucha de la gente que admiro está presa de los vicios, o no tienen su vida en orden. En realidad, muchos viven de escándalo en escándalo.

Entonces… ¿Tienen una personalidad encantadora? No mucho, algunos de ellos han decidido exponerse demasiado en Twitter, dejando ver sus maniáticas debilidades, inseguras posturas, egos inflamados, iras incontrolables, entre otros vicios de sus caracteres caprichosos.

¿Acaso comunican algo trascendente? ¿Profundo? ¿Importante? A veces sí, a veces no.

Sin entrar en la complejidad de una investigación neurológica sobre el gusto y el placer que proporciona lo estético, siento que lo que realmente admiro de ellos es su compromiso con ellos mismos hacia su proyecto de vida. Su visión y su misión de lo que quieren lograr. Su esfuerzo por no parar y entregar algo nuevo y creativo en cada una de sus producciones.

A los artistas, más que a los demás mortales, no les da vergüenza destaparse, sublimar, enseñar sentimientos, emociones, y eso hace que nosotros conectemos con ellos. En otras palabras, ¡No les da pena hacer el ridículo!
En su expresión – sea voz, instrumentos, baile, deporte -, buscan ser únicos, brillantes, capaces, y eso hace que trasciendan en mí. Mucho tiempo me tomó comprender que el poder que tienen ellos también lo tengo yo… y tú, y él y ella.

Probablemente no tenemos un talento artístico, pero todos tenemos tesoros que enseñar. Tenemos la capacidad de crear obras increíbles en nuestro rubro. Podemos, al igual que las celebridades, ser prósperos, reconocidos y admirados.
Y si bien hay muchos aspirantes a la celebridad x la celebridad, hay grandes artistas que buscan primero ser mejores cada día y luego logran la fama como una consecuencia de ser buenos.

Naturalmente, veo el papel que tienen los medios masivos de comunicación y la redes sociales en la construcción de la fama, pero también veo cómo muchos héroes de ayer son los villanos de hoy, y veo la inconsistencia, la levedad y la banalidad de sus mensajes para contribuir a un mundo mejor.

Hoy por hoy veo artistas que admiraba de niño, de adolescente y aún como adulto, y si bien con algunos ya no siento lo mismo que sentía al escucharlos, todavía siento admiración por lo que lograron en mí y rescato de su historia la historia mía, ¡Ellos también son parte de mi vida!

Y agradezco el poder entender que yo también soy una celebridad, porque tengo un Creador que me hizo único, con una voz y un mensaje especial, que puedo crear universos y realidades mágicas y maravillosas, y que tengo una visión de mi felicidad y que soy consciente de cada acción y movimiento en pos de ese objetivo.

Mejor dicho, doy gracias por ser fanático de los artistas.

¿Y tú qué piensas?

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