Colores Primarios…

Colores Primarios…

 

Ayer por la tarde, busco a mi cincoañero Nicolás a su preescolar, y le veo los ojos distintos. Llorosos. Y no, no es la mingonería típica de chamo que ve a sumamá por fin. A Nicolás hay que rogarle para que salga del prescolar. Es una nube rara, una mirada que no le he visto antes. “¿Qué tienes mi amor?” Le insisto yo mirándolo por el retrovisor, mientras le paso un chocolate relleno de mantequilla de maní, maniobrando para no chocar. Y él así, como una gente grande, mira por la ventana. “Nada”. Me dice. ¿Nada?

O sea. Imposible creerle. Nicolás no para de hablar jamás. Las palabras le salen en estampida, se montan unas encima de las otras, abriéndose espacio, tejiéndose. Es como si al chamo le quedara un minuto para decir todo lo que piensa, lo que siente. Cuando no está echando un cuento, un chiste o un chisme, está preguntando algo, o cantando, o hablando con amigos imaginarios. Es loro, es noticiero, es rockola. Todo junto y a la vez.  Así que callado jamás. Pienso en fiebre, en virus, en mareo. En mala noche, en mala siesta.

Empieza el cuestionario… ¿Te regañó la maestra? No. ¿te sientes mal? No. ¿Estás triste? No. ¿Estás bravo, melancólico, nostálgico, frustrado, asustado… -se me acaban las emociones- … estás? No y no. Lo dejo quieto, porque ya los últimos “noes” son como de ¿qué parte no entiendes de que no quiero hablar?

Al rato, en medio de la cola y de la hora pico, y con lo último de Black Eyes Peas sonando en la radio por enésma vez, me suelta, así, ceño fruncido, una pregunta nueva, primeriza: Mami, ¿yo soy negro? Flashback súbito. Hace cinco años, cuando Nico nació, escribí un artículo llamado “Los Colores de mi Hijo”. Y justo hablaba del tema de la negrura, la blancura, la amarillura, y las preguntas, dudas, inquietudes y consideraciones de la gente que lo rodea a uno, acerca de la piel y sus tonos. Y pues, al parecer, lo que era un tema en ese momento, lo sigue siendo cinco años después. La diferencia es que a Nico recién nacido no le importaba un carajo de qué color era nada ni nadie. Y de repente, una tarde cualquiera de la vida, me pregunta tan serio y con sus ojos borrosos, que si él es negro. Y yo, que trato de lucir impertérrita, que freno de golpe, que quiero tener botox en el alma para que no se me note la sorpresa, que no quiero asustarlo ni envenenarlo ni predisponerlo, que no entiendo por qué importa, que… el corneteo de atrás me saca de mi discurso interno y trato de parecer lo más tranquila posible cuando le digo… “Yo… Yo creo que tú eres como… marrón, ¿no? Marrón claro… ¿Qué crees tú?” Y ahí vuelve mi loro. Mi tren sin freno. Que una niñita en el colegio le dice negro.

Que los otros niñitos le dicen negro feo. Que la maestra los regañó. Que la niñita al rato le volvió a decir negro feo y pelo malo… Que… Que… Que él no quiere ir más al colegio. Suspiro largo. Ommmmm. Ommmmmm. Ommmmm. Om para no devolverme al colegio y darle cuatro nalgadas a cada muchacho que le ha medio causado algo similar a la tristeza a mi Nico hoy.

 No, no, no. ¿Qué tienen que ver los niños con nada? Om. Son niños. Om. Aprenden lo que ven. Om. La tolerancia es una calle de dos vías. Om. No puedes protegerlos de todo y de todos. Om. Cada quien tiene que aprender sus leciones, lidiar con sus vainas… ¿tú no te la pasas diciendo eso, pues?, me digo… Om. Ajá, lúcete pues… ¿qué le vas a enseñar a tu hijo? ¿Tú que te la das de hippie, de anti discriminación, de humanista, iconoclasta, liberal y tal y tal? ¿Le vas a decir que te provoca caerle a coquitos a la humanidad entera? Nada. Con coquitos no se acaba el racismo (¡ojalá!). Ni a pellizcos perdemos el miedo a lo distinto. Om. Pana, tienes que ser tolerante con la intolerancia… me digo. Om.

 “¿De qué color es la niña que te dice negro?”, atino a preguntarle a Nico. “Rosada” me dice él, después de pensarlo un tanto. Me parece hermosa su respuesta y nos quedamos hablando de los colores. Rosada, como una tarde, pensamos. Y otro amiguito es a veces como amarillito pero cuando va a la playa se pone anaranjado y su mamá le pone crema… Y algunos ojos son negros, otros azules como un dragón volador amaestrado, y la niña rosada tiene los ojos verdes como la esposa de Shrek… y tiene el cabello como una zanahoria de esas que se le dan a los conejos que están en la parte de atrás del colegio, mami. “Entonces –le digo yo- no se hable más.

Cuando la niña te diga negro, tú le dices que ella es rosada y linda”… ahí empieza a reírse… ya muestra los huequitos esos que se le hacen a cada lado de los labios cuando está feliz… “y que tú tienes los ojos negros, la piel como marrón clarito, como la leche con chocolate… Y los dientes blancos como de marshmallows, y la lengua medio moradita como…”… y se carcajea, y añade… “y le digo que mi color favorito es el azul, porque me encanta más que el mundo”… “exacto”, le digo… “y así practican todos los colores, en español y en inglés, y hasta una canción pueden hacer…”. Y empezamos a mal improvisar un rap de los colores que nos alcanza hasta la casa.

Cuando llegamos, Nico me hizo un dibujo de sus amigos. Todos extraterrestres, porque mi hijo sólo sabe dibujar círculos con montones de patas. Eso sí, coloridísimos. Esta mañana, fue contento al colegio. Yo me quedé con el corazón en una orilla, esperando que la niña rosada no me lo haga llorar más nunca en la vida. Pero qué vaina. En el fondo –y hasta en la superficie-, sé que eso es imposible. Que tendrá que lidiar con colores y con más. Y bueh… ya veremos qué respuesta en ritmo de rap inventamos para la próxima nube.

 Indira Páez

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Escritora, libretista y dramaturga venezolana, egresada con méritos de la Escuela de Artes de la Universidad Central de Venezuela en 1992, mención Artes Escénicas. Autora junto a Daniela Campos de la tesis de grado “Stanislavski en Caracas”. Ha sido galardonada con el Premio Emmy otorgado por la Academia Nacional de Artes y Ciencias de la Televisión como coautora del guión de la serie Gabriel, que protagonizó el cantante y actor puertorriqueño Chayanne y en la que "El Puma" José Luis Rodríguez tuvo una participación especial. Producida por Megafilms, la miniserie "Gabriel, Amor Inmortal", obtuvo ocho nominaciones al premio Emmy, una de ellas por mejor guión de serie, del que la escritora venezolana Indira Páez es coautora. EstilosBlogs escritos por:

3 Comentarios sobre este Artículo

  1. avatar yovanni zambrano says:

    Que Linda Madre Eres!!! ….Cuando somos niños herimos sin saber, porque no tenemos filtros y mal interpretamos lo que vemos hacer y decir a los adultos.
    Muy nota tu articulo Indira y tu estilo, me inspiraste ternura, risa, tristeza y magnificencia en el corazón.
    Bendiciones para El Nené Achocolatado clarito y para la Niña Rosadita. Sabiduria y buen humor para los padres.

  2. avatar wawis27 says:

    bellisimo es verdad cuando le las timan el corazón a un hijo uno quisiera ser un escudo para protegerlo,pero lo q se ase es darles amor y mucha seguridad para q sigan adelante sin tropiezos como seguramente usted lo hace día a día con sus hijos bella sigo con lo mismo usted es grande.

    me encanto q compartiera este articulo tan bello yo tengo 6 sobrino pero los amo a todos como hijos ,y al igual q usted tengo un marrón claro bello y me iso recordar una parte d su infancia cuando el muy serio le cuestiono a mi madre a sus 12 años recuerdo muy bien su pregunta q decía yo siempre e tenido una duda yo quiero q me digas si mi mama es mi mama ,y es q mi hermana es blanca y a parte soltera y yo soy a perlada entonces mi madre como buena abuela lo abraza y le dice q si y yo le digo si tu piensas q yo podría ser tu mama yo nunca negaría un hijo tan bello como tu y aquí todos te amamos ,hoy es un joven maravilloso primer lugar en sus estudios esta en 4er año d medicina y feliz con su color .igual su bello hijo sera cuando cresca un gran hombre porque su madre le dio seguridad y amor .que dios la cuide

    • Una belleza de historia, los niños son tan genuinos por eso debemos tener cuidado en casa de que hablamos, como tocamos temas!! ellos aunque pareciera que no estan pendientes de lo que uno habla estan en todo.

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