Mi Sexo – Sentido… PÉSAME

Mi Sexo – Sentido… PÉSAME

 

Yo tenía como quince años cuando me provocó por primera vez tener sexo con alguien que no fuera yo misma. Me imagino que a otros les despertará la primavera más temprano, a otros más tarde. El hecho es que lo mío fue tal cual: cuadrilla, vals, vestido largo, Air Supply y unas ganas locas de que el hermano de mi amiga me agarrara así, como el catire de La Laguna Azul a Brooke Shields… pero sin embarazos, claro. Yo no sabía nada de asuntos técnicos, no sabía cómo funcionaba aquello. Lo que tenía era antojo. Punto.

El sexo para aquella adolescente de afro y lentes de maestra Ximena (que vendría siendo yo), era así como la piedra filosofal… una cosa idealizada, la respuesta de todas las interrogantes de la humanidad, un paquete romántico que venía al ladito de la felicidad, y por supuesto implicaba el amor eterno y el “colorín colorado”.
Yo quería casarme virgen. Muéranse. Me veía, en mis fantasías de protagonista mexicana, entregándole la flor de mi secreto a mi perfectísimo y amadísimo esposo y padre de mis hijos, en cuyos brazos, obviamente, moriría.

Dos años después me metí a estudiar Artes en la UCV y mandé todo al carajo: el afro, los lentes, las ganas de casarme, las telenovelas y, gracias a Dios, la virginidad. A los diecisiete años y con la revolución interna de una buena feminista de la UCV, decidí acostarme con un niño lindo (ante-ti-me-rindo) que ni iba a ser el padre de mis hijos, ni me iba a llevar al altar ni era perfectísimo. Es más, ni apellido tenía. O al menos, yo nunca lo supe. Ni me interesó tampoco.
Esa primera vez  fue, como corresponde, horrible. Aquel niño no tenía idea de cómo usarse a sí mismo y yo no tenía idea de dónde estaba el manual. Pero de todo aquel desbarajuste de sábanas y apuro, me quedó una certeza: tal vez el sexo no era la felicidad, pero se le parecía bastante.

A los veinte, era yo una practicante ciega del método científico: había que probar, experimentar, testear… para poder tener hipótesis, teorías y todas esas cosas tan divertidas de las que la gente seria habla. Sólo que de los veinte a los treinta me la pasé probando y no analicé nada. Qué flojera me daba eso.

Llegaron los treinta y no me dio ninguna crisis. Al contrario. Me sentía feliz de la vida, con un divorcio a cuestas, una hija y un novio diez años menor que yo. Con ese niño, que llevaba el ímpetu de la juventud a todas partes (incluida la cama), tuve que volverme experta a juro para competir con una cuerdita de dieciochoañeras de mejor cuerpo que el mío, duritas, piel tersa y temas de conversación más acordes con aquel muchacho impetuoso. Me volví una estudiosa, una erudita que dedicaba horas a la especialización en las artes amatorias. Ya no era cuestión de sexo, sino de táctica y estrategia. Aquello era la guerra, y yo ganaría con mi disciplina japonesa imparable.

Los cuarenta me asaltaron sin pedir permiso. Ni tiempo me dio de caer en depresión. Con marido nuevo, un segundo hijo, mudanza a otro país, los efectos de la gravedad haciendo estragos en mi cuerpo y los efectos de la falta de mujer de servicio haciendo estragos en mi psique. No me he vuelto loca, que yo sepa, porque no les pienso echar esa vaina a mis hijos. Mi vida se ha convertido en una suerte de carrera contra los minutos, pero sin ninguna meta al final de la pista. La premisa es correr, correr, correr, sin parar, sin pensar.

Hago esfuerzos sobrehumanos por cumplir todos los roles que la vida, la sociedad, la crianza, las buenas costumbres, la necedad y yo misma, nos imponemos. Estas olimpíadas de la cotidianidad, incluyen, por ejemplo, técnicas básicas de psicología auditiva. Mi hija de quince años me habla en inglés, tan rápido que no la entiendo… pero no le digo nada porque al menos me habla, así que si quiere hacerlo en mandarín, bienvenida. Troto y troto con tal de seguirle el paso. Mi hijo de cuatro años, es un fenómeno natural de efectos devastadores, que sigue en pie a las doce de la noche, cuando a mí me han vencido las horas, el cansancio, los kilos de más y las cuentas por pagar. Mi marido, que es un santo, tiene la energía típica de los de su raza… es negro por los cuatro costados.

O tal vez por los cinco. En fin, que hoy por hoy, a los cuarenta y dos años, de profesión mamá-inmigrante-escritora-divorciada dos veces y vuelta a casar tres, sin domicilio y buscando geografía, recuerdo aquella quinceñera… aquella veinteañera… aquella experta… aquella Mata Hari… y digo… ¿sexo? ¿cuál sexo? Ah sí… ya me acordé… las abejitas… el polen… ¿era algo así? Ay no… ya me dio sueño… quiero cama de otra variedad como en la canción aquella de Mecano… son las doce y media de la noche y todavía me falta meter la ropa a la secadora… y pienso en cuánto me burlé de esas mujeres que se dormían en todas partes, de esas adictas a la Vitamina B12 y al transporte escolar… y una vez más me digo… coño. Yo y mi bocota. Por cierto, ¿a qué edad se retira una de esto?

(publicado originalmente en la revista “SEXO SENTIDO”, Caracas-Venezuela, 2010)

Twitter @IndiraPaezD

Share
Tags:

Artículo escrito por

avatar
Escritora, libretista y dramaturga venezolana, egresada con méritos de la Escuela de Artes de la Universidad Central de Venezuela en 1992, mención Artes Escénicas. Autora junto a Daniela Campos de la tesis de grado “Stanislavski en Caracas”. Ha sido galardonada con el Premio Emmy otorgado por la Academia Nacional de Artes y Ciencias de la Televisión como coautora del guión de la serie Gabriel, que protagonizó el cantante y actor puertorriqueño Chayanne y en la que "El Puma" José Luis Rodríguez tuvo una participación especial. Producida por Megafilms, la miniserie "Gabriel, Amor Inmortal", obtuvo ocho nominaciones al premio Emmy, una de ellas por mejor guión de serie, del que la escritora venezolana Indira Páez es coautora. EstilosBlogs escritos por:

3 Comentarios sobre este Artículo

  1. avatar Navid says:

    Walking in the presence of giants here. Cool tiihnkng all around!

  2. avatar wawis27 says:

    muy cierto retratas los ideales de toda mujer en sus diferentes etapas lo dicho antes grande por los 4 lados

  3. avatar Angelica Morales says:

    Muy bueno, muy sincero!

Hacer un comentario

Stop censorship Copy Protected by Chetan's WP-Copyprotect. Stop censorship Copy Protected by Chetan's WP-Copyprotect.